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Valoración crítica de TRES SOMBREROS DE COPAPertenece esta obra a un género teatral no muy frecuente en la dramaturgia española: el teatro del humor. Escrita inmediatamente antes de la guerra civil no tuvo Mihura la oportunidad de estrenarla hasta bien entrados los años 50.
Se trata de una obra de humor amargo y ácido y de una enorme comicidad conseguida especialmente a través de un lenguaje disparatado, que no se adecua a la situación y por los múltiples y estrafalarios personajes que Mihura pone en escena.
En el primer acto se nos presenta a Dionisio, el protagonista y a don Rosario, el dueño de la pensión, a través de un diálogo grotesco en el que objetos como el zapato olvidado por el huésped anterior, o las lucecitas del puerto están en la base de la comicidad.
En el primer acto se nos presenta a Dionisio, el protagonista y a don Rosario, el dueño de la pensión, a través de un diálogo grotesco en el que objetos como el zapato olvidado por el huésped anterior, o las lucecitas del puerto están en la base de la comicidad.
Es interesante comprobar como Dionisio va evolucionando a lo largo de la obra, como deja de interesarle la fiel aburrida y no muy agraciada Margarita, en este personaje hace Mihura un paradigma de lo cursi, para interesarse por la vital Paula.
Es interesante también el personaje de Don Sacramento como parodia de la honorabilidad burguesa.
Quizá lo mejor de la obra, además del humor, sea la mezcla de lo patético y lo cómico, más la progresiva toma de conciencia por parte del protagonista y el enfrentamiento entre la autenticidad de Paula y la inconsistencia de Dionisio.
El Teatro español de postguerraEl movimiento de renovación teatral que, impulsado en los años 20 y 30 por autores como Valle-Inclán o García Lorca, encontró en el ambiente cultural de la segunda República un marco idóneo para su evolución y proyección, se vio truncado por la guerra civil y, en la inmediata posguerra, por una serie de condicionamientos ideológicos, como la censura, y comerciales, como la política mercantilista de hacer teatro en función del público burgués, que hicieron inviable durante muchas décadas un teatro abierto y renovador.
En el teatro específicamente de posguerra, la década del 39 al 49, los escenarios españoles se nutren de piezas de autores tradicionales que ya habían estrenado antes de la guerra: Arniches, Marquina, Benavente etc.En esta misma década hay que mencionar dentro del teatro del humor a los escritores Enrique Jardiel Poncela, creador de un teatro de lo inverosímil, nuevo y audaz, de lo que es una buena prueba: Eloisa está debajo de un almendro, y Miguel Mihura: Tres sombreros de copa o Sublime decisión.Fuera de España los escritores exilados como Rafael Alberti: Noche de guerra en el museo del Prado o Alejandro Casona: La dama del Alba, siguen escribiendo teatro, aunque apenas tuvieron posibilidades de llevarlo a escena.A partir de 1949 aparece un teatro marcado por preocupaciones existencialistas y por tendencias de tipo social, que empieza a presentar sobre el escenario la realidad española, de una forma cada vez más crítica.El estreno en 1949 de Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo significa el comienzo de este tipo de teatro de protesta y denuncia que Buero seguirá cultivando a lo largo de su vida.Alfonso Sastre es otro exponente de este teatro inconformista. Pretendió hacer del teatro un arma de denuncia y crítica social tanto con la creación de grupos teatrales, como con manifiestos o con sus obras: La mordaza, Escuadra hacia la muerte etc.Al igual que en los años 50 y en los primeros 60, los autores españoles escriben novelas neo-realistas y poemas sociales, toda una generación de dramaturgos retratan en sus obras la explotación del hombre, la injusticia social, la alienación etc. Entre estos escritores están Lauro Olmo: La camisa, José Martín Recuerda: Las salvajes de Puente san Gil, José María Rodríguez Méndez: Los inocentes de la Moncloa, etc.A lo largo de las décadas de los 60 y 70 empieza a aparecer un teatro renovador que trata de experimentar con nuevas fórmulas teatrales, aunque por los condicionamientos comerciales e ideológicos mencionados anteriormente, quedará frecuentemente como un teatro de minorías, al margen, muy a menudo, de los circuitos comerciales. Además de Fernando Arrabal o Francisco Nieva, Buero Vallejo se incorpora a la tendencia experimental en obras como La doble historia del Doctor Valmy o El tragaluz.
En estas décadas aparecen los grupos de teatro independiente como Tábano o Los goliardos ya desaparecidos, y otros como Els Joglars, Dagoll-Dagom o Els Comediants que siguen representando hasta hoy.
Hoy el teatro en España es un género literario a cuya vitalidad contribuyen determinadas circunstancias:• Algunos autores que como José Sanchis Sinisterra con ¡Ay Carmela! o José Luis Alonso de Santos con Bajarse al moro han tenido grandes éxitos de crítica y público.• El surgimiento de Centros Dramáticos Nacionales, en diversas autonomías, especialmente en Madrid y Barcelona.• Las producciones colectivas de grupos como los ya mencionados o La Fura dels Baus, que hacen un teatro provocador y rupturista que atrae a las generaciones más jóvenes.• La aparición de talleres de teatro que contribuyen a la formación de actores y directores.
La generación del 98A los escritores de la generación del 98 les interesa la renovación formal del arte que proponen los modernistas, pero se diferencian de ellos porque buscan un estilo sencillo y antiretórico, renuevan y enriquecen la lengua con neologismos, pero prefieren recuperar léxico tradicional castellano caído en desuso, a introducir las muchas palabras exóticas, sonoras, cosmopolitas, que encontramos en cualquier texto modernista.Si el modernismo encuentra en la poesía su género literario más representativo, el grupo del 98 cultivará la prosa, la novela y sobre todo el con ensayo, como género adecuado para dar rienda suelta a sus inquietudes
Dos son los temas que preocupan fundamentalmente a esta generación: el tema de España y el sentido de la vida humana.La reflexión sobre qué es España, las razones de su ininterrumpida decadencia desde el siglo XVII, son temas de amplia tradición en la literatura española, desde los escritores barrocos como Baltasar Gracian o Saavedra Fajardo, a los ilustrados como Cadalso o Jovellanos, o los románticos como Larra.Unamuno forma parte del grupo de intelectuales que pretenden sacar a España de su progresivo hundimiento sin recurrir a soluciones políticas. En un primer momento, que puede representar su ensayo En torno al casticismo, cree que el falso patriotismo, el militarismo, los malos políticos y la incuria de los intelectuales ha propiciado la decadencia de España, que puede encontrar solución abriéndose a Europa y conservando lo mejor de la raíz española, que perdura en el común de los hombres que con su quehacer diario va marcando el paso de la historia, lo que él llamaba la intrahistoria.Más tarde Unamuno rechazó esa apertura a Europa y en otro ensayo Vida de Don Quijote y Sancho, ensalza al hidalgo manchego como paradigma de los valores morales y espirituales españoles frente al racionalismo europeo.Azorín en sus primeros escritos también hacen una aguda crítica de la España contemporánea. Azorín el personaje que protagoniza sus novelas, Antonio Azorín o La voluntad, se angustia por encontrar un sentido a la vida y por la miseria moral y social que percibe a su alrededor. Está convencido de que el anarquismo sería la forma más rápida de alcanzar la justicia social. Azorín mitiga bastante su ideario a partir de Las confesiones de un pequeño filósofo, cuando cree que sólo la educación y la cultura harían posibles las reformas que España necesitaba.Pío Baroja vierte su preocupación por España en sus novelas, en especial en La busca, la primera de la trilogía La lucha por la vida. Presenta una imagen terrible de la realidad social de su tiempo, de los que luchan por la vida desde el arroyo, denunciando la corrupción, la injusticia y el egoísmo de la sociedad española.Al preguntarse por el sentido de la vida y no encontrar respuestas estos escritores viven una profunda crisis vital y existencial. Todos ellos han superado la religiosidad tradicional, han sido profundamente influidos por los primeros filósofos existencialistas y se han separado de la ortodoxia católica. Unamuno se siente desgarrado entre la imposibilidad de reconciliar fe y razón, el deseo de creer en la inmortalidad y la idea desgarradora de que tras la muerte no hay nada. Ante la imposibilidad de usar la razón para obtener respuestas satisfactorias recurre al irracionalismo, la razón es enemiga de la vida terminará diciendo. Estos temas se exponen en sus ensayos Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del cristianismo; en sus novelas San Manuel Bueno Mártir, Niebla; o en alguna obra teatral como El pasado que vuelve.La respuesta barojiana al sentido de la vida es negárselo, la vida carece de sentido, el fuerte triunfa siempre sobre el débil, que debe luchar siempre, aunque sepa que la lucha está condenada al fracaso, en este sentido es El árbol de la ciencia la novela de Baroja más inmersa en la corriente existencial.Otro aspecto claramente noventaiochista son la admiración por Castilla y su austero paisaje, al que contemplan de forma subjetiva y más que reflejar de manera realista tierras y gentes, proyectan en él su propio espíritu, Castilla de Azorín o Viajes por tierras de Portugal y España de Unamuno, son libros que responden a esta tendencia
Además de Unamuno, Azorín y Baroja, suelen incluirse en esta generación literaria a Valle-Inclán y a Antonio Machado. El esteticismo de Valle en las Sonatas le acerca a los presupuestos del modernismo; la dureza y el sarcasmo de sus esperpentos o de las novelas del Ruedo Ibérico van mucho más lejos, en su crítica feroz a la situación social y política de su época que la mayoría de los postulados reformistas de la generación del 98.El interés por el paisaje y los tipos castellanos, la crítica social de algunos poemas de Campos de Castilla de Machado le acercan a este grupo, aunque se diferencia de ellos por el intimismo simbolista de Soledades, galerías de otros poemas, el popularismo de Nuevas canciones o por los poemas militantes que Machado escribió en plena guerra civil, cuando las circunstancias mostraron. que las ideas del 98 habían quedado ampliamente superadas por los acontecimientos que desencadenaron la guerra civil del 36.
La poesía de la Generación del 98
Para España el siglo XIX termina con una grave crisis: el final de su imperio colonial en 1898. Este acontecimiento provocó una ola de indignación y de protestas que se manifestaron en literatura a través de los escritores de la Generación del 98.
No es propiamente un movimiento literario, sino un grupo de escritores surgidos tras el desastre del 98 que representan un deseo de renovación político y social entroncado con los regeneracionistas. Coinciden en sus temas: el paisaje castellano, el interés por la vida cotidiana del pueblo y el regreso a los clásicos. Coinciden también en la búsqueda de sencillez en la forma y en el empleo de un lenguaje directo.
Los principales componentes de la generación son: Miguel de Unamuno, Valle-Inclán, Antonio Machado, Pío Baroja y Azorín. Los dos últimos no cultivaron la poesía.
Miguel de Unamuno
Es el escritor más representativo del 98. Su producción literaria es muy extensa, tocó todos los géneros literarios y a través de ellos expresa sus preocupaciones filosóficas: la angustia ante la muerte, el deseo de eternidad, la búsqueda de la fe, etc.
Su poesía, de carácter muy personal, le sirve de vehículo para manifestar sus inquietudes religiosas; su interés por Castilla: paisajes, habitantes, ciudades; su amor por la familia; sus sentimientos ante la expresión artística.
Aunque escribió poesías desde muy joven, no las publicó hasta muy tarde por lo que fue más conocido como novelista o ensayista que como poeta.
Su primer libro Poesías, está impregnado de inquietudes místicas, de cariño a la tierra natal, de visiones de arte. Siguen Rosario de sonetos líricos y El Cristo de Velázquez, considerado como su mejor obra poética, se trata de un poema muy extenso que nace de la contemplación del cuadro del pintor español. Es una exaltación del amor divino, centrado en la imagen de Cristo, fuente de amor y de perdón. Teresa, es un poema romántico en donde es perceptible la influencia de Bécquer.
Ramón María del Valle-Inclán
La importancia de su obra como dramaturgo y novelista hace que su poesía pase desapercibida. Claves líricas es el título con el que recoge la mayor parte de su producción poética.
Su primer libro Aromas de leyenda está muy cercano a la estética de las Sonatas, con la visión artificiosa del paisaje gallego. En El pasajero refleja el decadentismo de su época. Su obra maestra es La pipa de kif, donde los elementos modernistas se deforman hasta lo grotesco, lo que empareja este libro con sus esperpentos teatrales. El último poema del libro, La tienda del herbolario, es una exaltación a lo que Cernuda llamaría más tarde los paraísos artificiales.
Antonio Machado
Es el gran poeta de la generación y uno de los más importantes poetas españoles de todos el tiempos.
Aunque sus primeros poemas están cercanos a la estética del modernismo, pronto se inclinó hacia un modernismo intimista, de tonos becquerianos, plagado de símbolos y de gran sencillez formal. Su pertenencia a la Generación del 98 se manifiesta por la revalorización del paisaje, la angustia ante el paso del tiempo, la preocupación por la situación española y por su futuro, el escepticismo y la afirmación de la supremacía de lo espiritual sobre lo material.
Tres son los temas principales de su obra: la intimidad del poeta: recuerdos, ensueños, sentimiento del paso del tiempo; el paisaje: Castilla y Andalucía, la gente castellana, el pasado histórico, la realidad actual y la realidad nacional vista con sentido crítico; y , por último, el amor.
En su evolución poética podemos distinguir las siguientes etapas, cada una de ellas representada por un libro:
a) Soledades, el libro más cercano al modernismo: Aparecen los símbolos típicamente machadianos: el agua, las fuentes, los crepúsculos, la tarde. La sobriedad formal y una insistente añoranza de la niñez son las notas más personales de este momento.
b) Soledades, galerías y otros poemas, representa el rechazo del modernismo. El contacto con Soria le hace amar el paisaje castellano. Su estética es la de una poesía cada vez más sobria y sencilla. Empiezan a aparecer sus característicos poemas en donde el poeta dialoga consigo mismo.
c) Campos de Castilla, es el libro más cercano a la ética y estética del 98 de toda su producción. El poeta se identifica con la tierra castellana y su poesía tiende a una mayor objetividad, sin perder el enfoque intimista
d) Nuevas canciones. Poesía de metro corto, dentro de la corriente neopopularista o bien poemas cortos con reflexiones filosóficas.
e) Última etapa. Es la época en la que Antonio Machado se compromete con la República. Aparece la poesía socio-política en sus Poesías de la guerra.
La poesía en las primeras décadas de la posguerraPor primeras décadas de posguerra entendemos los años 40 y 50, pues a mediados de esta época se produce una renovación en la poesía española, que culmina en la década de los sesenta con unas características radicalmente distintas.
A) La Guerra civil española provocó un corte radical en el ámbito literario. Algunos poetas como Federico García Lorca mueren en la contienda, o a consecuencia de ella como Miguel Hernández; otros como Luis Cernuda deben marcharse al exilio y otros como Vicente Aleixandre continúan su labor dentro de España.
Por otra parte se incorporan nuevas generaciones que marcarán las tendencias de la poesía en estas décadas. A principios de los años cuarenta la poesía vuelve a los temas clásicos como el amor, la religión, la patria y se incorporan nuevos temas como el sentido imperial del estado. Es una poesía hecha por y para los vencedores de la guerra, a la que, a menudo, se le da el título de poesía arraigada. Poetas de esta tendencia son: Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero y Luis Rosales del que destaca La casa encendida, una de las mejores obras líricas de la posguerra. Revistas poéticas que recogieron este tipo de poesía fueron Escorial, y Garcilaso.
En el año 1944 se publican dos importantes obras poéticas, una de ellas es Hijos de la ira de Dámaso Alonso, poeta relacionado con la generación del 27, un libro desgarrado que dará origen a la llamada poesía desarraigada, es decir, que no se apoya en vivencias tranquilizadoras, como la religión, la patria, la familia, etc. También se asocia este libro al existencialismo característico de los años 40.
La otra obra importante es Sombra del paraíso, del poeta del 27, Vicente Aleixandre, que marcará otra dirección de la lírica de esta época, el dolor que se expresa desde la perspectiva del paraíso perdido y de la humanidad alejada de su destino.
A mediados de esta misma década surge otra revista de signo radicalmente distinto, Espadaña, fundada por Victoriano Crémer y Eugenio de Nora que recogió un tipo de poesía socialmente comprometida, que trataba de reflejar la dura realidad de la posguerra, aludiendo a la guerra civil y al dolor de los vencidos
B) Los tres grandes poetas de los años 50 son Blas de Otero, que en sus libros Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia se revuelve contra toda la poesía religiosa de su momento y la imagen tradicional de Dios.
Los libros siguientes, Pido la paz y la palabra y Que trata de España, están inmersos en la corriente de poesía social.
José Hierro pertenece también a este tipo de poesía, especialmente por su obra Quinta del 42, que refleja el momento en el que vive. Algunos de sus poemas son una especie de reportaje de la situación de su época, especialmente el tan conocido de Réquiem.
Gabriel Celaya, seudónimo de Rafael Múgica, se asocia también con la poesía social especialmente con el libro Cantos iberos, caracterizado por su expresión directa y prosaica.
C) Al margen de estas corrientes y estos poetas hubo desde el principio de la posguerra intentos de renovación poética. Entre ellos estuvo el postismo, cultivado por Eduardo Chicharro y Carlos Edmundo de Ory. Buscaban una poesía que fuese un juego, sin ningún compromiso ideológico y con abundantes y sorprendentes creaciones lingüísticas.
Algunos poetas como Miguel Labordeta hicieron una poesía original y fantástica, muy relacionada con el surrealismo, pero asociada también a la preocupación social.
Por otro lado la revista cordobesa Cántico mostró una voluntad de conectar con el pasado inmediato: el grupo del 27 y con el más remoto, especialmente con Góngora. Pablo García Baena es el poeta más conocido de este grupo.
Dejando aparte a los poetas de la generación del 27 como Rafael Alberti o Jorge Guillén y alguno de generaciones anteriores como Juan Ramón Jiménez o León Felipe, que pasan las primeras décadas de posguerra en el exilio, las principales tendencias de la poesía de posguerra son:
Garcilasismo. Un grupo de poetas de la llamada generación del 36: Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero o Dionisio Ridruejo escriben una poesía en estrofas tradicionales en la que no hay ninguna referencia a la desoladora realidad circundante de esos años. Sus temas son los eternos de la poesía: el amor, la muerte, Dios. A esta tendencia pertenecen libros como Ángeles de Compostela o Alondra de verdad del poeta de la generación del 27 Gerardo Diego.
En 1944 se publican dos libros: Sombra del Paraíso de Vicente Aleixandre e Hijos de la ira de Dámaso Alonso, en los que se manifiestan tendencias que estarán en vigor durante más de una década. Escritos en verso libre y con alusiones a la realidad inmediata. Con el último se inicia la poesía española contemporánea, frente al lenguaje preciosista de los garcilasistas este libro ofrece un lenguaje crispado y violento.
Hacia 1950 hay tres tendencias dominantes: la poesía desarraigada, la poesía arraigada y la poesía social. La primera presenta al mundo como caos y como angustia y mediante la poesía se buscan orden y análisis. Esta corriente se agrupa alrededor de la revista Espadaña. En la línea de poesía arraigada están los poetas que se llaman a si mismos Juventud creadora, y que publican en la revista Garcilaso. Los poetas buscan sus raíces en Dios, la tierra y la familia. Tienen una visión optimista y esperanzada, del mundo y de la vida y prefieren las formas métricas clásicas. La poesía social es una poesía objetiva y de denuncia que parte del clima creado por la revista Espadaña. Los poetas de esta tendencia deciden convertirse en testigos de la vida cotidiana, escriben con un lenguaje accesible y dan un predominio total al contenido del poema. En ellos denuncian las injusticias sociales y la situación política de España. A esta corriente pertenecen poetas como José Hierro, Gabriel Celaya, Blas de Otero.
La segunda generación de posguerra. Para poetas posteriores como Ángel González, Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma la poesía es sobre todo un método de conocimiento, sin renunciar por ello a que sea también vehículo de comunicación. Aunque suelen emplear el verso libre son más exigentes en cuanto al lenguaje poético que la generación anterior.
Los novísimos. En 1963 Pedro Gimferrer, publica Arde el mar, que supone una ruptura con la poesía inmediatamente anterior. Alrededor de él se agrupa una serie de poetas reunidos en 1968 en la antología de Nueve novísimos poetas españoles. La máxima preocupación de su poesía es la forma, se alejan de preocupaciones sociales y políticas, hacen constantes referencias en sus poemas a motivos exóticos, culturales y culturalistas con una artificiosidad que recuerda a los modernistas y utilizan procedimientos de carácter surrealista.
Las últimas generaciones de poetas son difíciles de clasificar. En general se caracterizan por un lenguaje poético muy cuidado, huyen de la poesía comprometida y atenúan el barroquismo y el culturalismo de los poetas de la generación de los novísimos.